La oración del Angelus

Este fin de semana, cada uno de nosotros debe tomar una decisión, aunque ya lo hayamos hecho. Aquí está el problema.

¿Crees que Dios vino entre nosotros y luego nos dejó después de la Ascensión?

¿O crees que Dios vino entre nosotros y nunca nos dejó?

Este es básicamente el problema principal entre católicos y protestantes.

Nuestras escrituras nos dicen que el ángel Gabriel se apareció a María y le dijo:

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”

Y, el Ángel le dijo a ella,

“Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo…”

El Ángel le dijo a José que el niño se llamaría “Emmanuel”, Dios está con nosotros, como fue predicho en la profecía del Antiguo Testamento.

Al comienzo de su ministerio, Jesús les dijo a sus discípulos,

“El reino de Dios está cerca”.

Al final del Evangelio de Mateo, Jesús se hizo eco de la profecía de sí mismo como “Emmanuel”, cuando le dijo a los Apóstoles:

Vayan, pues y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes hasta el fin de la historia”.

Yo estoy con ustedes hasta el final de la historia”: Dios está con nosotros. Hasta el fin de la historia.

Entonces, ahora tenemos que tomar una decisión, cada uno de nosotros, independientemente. ¿Está Dios con nosotros en la tierra, en la Iglesia?

¿O se fue Jesús después de la Ascensión, como un propietario ausente, solo para regresar al final de los tiempos? ¿Cuál es?

Si fuéramos a hacer esta pregunta de la Iglesia primitiva, “¿Adónde fue Jesús después de su Ascensión?” ¿Se quedó o nos dejó? Los primeros padres de la Iglesia enseñaron que Jesús no se fue. No nos dejo.

Jesús quedó con nosotros, entre nosotros, y se nos manifiesta en los sacramentos de la Iglesia. Jesús está verdaderamente presente en nuestro Bautismo, en la Eucaristía, en la Confesión, en la Confirmación, en los sacramentos de la vocación, el Matrimonio y las Órdenes Sagradas (Obispos, sacerdotes, diáconos) y en la Unción de los Enfermos. Jesús nunca dejó la Iglesia. Jesús vive en la Iglesia. Vivimos con él cuando vivimos la Vida Sacramental de la Iglesia.

Hace apenas unos 500 años, la reforma protestante comenzó a cuestionar esto. El resultado de esta historia de sus dudas es una creencia entre ellos de que Jesús no vive en los Sacramentos en la Iglesia, y los sacramentos no son divinos. Poco a poco comenzaron a dejar de practicar los sacramentos. Perdieron sus Sacramentos, porque rechazan que Jesús permaneció en su Iglesia. En general, la mayoría de los protestantes de hoy no enseñan los sacramentos como la presencia real de Jesús. Ellos si leen y enseñan las Escrituras. Pero, perdieron la Eucaristía, la Confirmación, el Sagrado Matrimonio, la Unción de los Enfermos y el Sacerdocio. Dejaron de enseñarles y practicarlos. Entonces, ¿a quién celebras esta Navidad? Nuestro Dios que vino entre nosotros como un niño, nacido de la Virgen María, sufrió y murió por nosotros y ahora viene a nosotros en los sacramentos? O un Dios que se nos apareció, pero luego se fue y no reside con nosotros, en la Iglesia? No puede haber compromiso en este asunto. O, es si. O El está con nosotros, “Emmanuel”, o no lo esta. No esta aquí. Cada uno de nosotros debe decidir. ¿Quién nos ha nacido en Belén? En la Navidad? Siguiendo sus enseñanzas en la Biblia, entonces, nos quede claro si queremos estar con El:No falten la Santa Misa. Comulgamos la Sagrada Comunión cada vez que tenemos la oportunidad. Y, cuando nos caemos de la bicicleta, nos reconciliamos con él en Confesión. Así vivimos la vida sacramental de la Iglesia. Este fin de semana, el cuarto domingo de Adviento, es también el fin de semana de la oración antigua, “El Ángelus”. No tenemos idea de cuán antigua es esta oración, puede tener 1,000 años. La oración final es también la oración de apertura para la Misa de hoy. Acerca de la época de la Reforma Protestante se hizo muy popular para reforzar nuestra fe con respecto a la identidad de Jesús y su relación con María, su madre. Esta oración está relacionada con la fecha de la anunciación y la concepción de Jesús el 25 de marzo, y también en el Adviento del cuarto domingo de Adviento. Oremos ahora con toda la Iglesia el Ángelus. “El ángel del Señor le declaró a María …”